miércoles, 2 de agosto de 2017

Ñi.

El síndrome del folio en blanco antes de decir algo importante debe ser como la famosa mejoría previa a la muerte. Ahora tengo que ordenar todas mis ideas y pensamientos e intentar que de ahí salga algo que llegue a ti de la manera más estética y clara posible.

Hoy intentaré hablar de ti, sin incluirme demasiado a mí, pero no prometo nada.
Viniste con tus 23 añitos a cuestas a hacerte un hueco en el lado izquierdo de mi vida y hace tan poco de eso que me cuesta creer que ahora tenga flores en el salón, una playlist ajena, nata en el frigorífico, tus mensajes en el móvil y tu olor en mi cama.

También trajiste los bailes pegados en la cocina, los recordatorios para abrir a las 18:15, tus miedos para procesarlos al vacío entre los dos, para que de tanto quitarles el aire se acaben muriendo, veinte memes al día, tres películas y ninguna buena, carnet de clientes vip del Just Eat, un atardecer en la azotea y algún amanecer de cosquillitas.

Te conozco desde hace mes y ya puedo notar tu evolución. Tienes 24 años, eres asquerosamente joven y cuentas con la paciencia y capacidad de trabajo idónea para conseguir todo lo que te propongas en la vida. Aunque todavía no te lo creas del todo, ya estoy yo para repetírtelo. Posiblemente sea el año más importante de los que llevas pululando por el mundo. Espero que disfrutes tanto de las recompensas, escapadas, de los besos, como del sufrimiento, de los nervios, de la espera. Cada momento forma lo que somos...

Gracias a ti también por la paciencia, por no irte cuando quedarse era difícil, por las risas, por intentar hacerme feliz e incluso conseguirlo.


PD: Te espero en viernes 4 de Agosto a las 22:30h en la Calle Aire. Y allí nos lo decimos.

viernes, 29 de julio de 2016

A decir verdad

Entre las cosas del mundo que a día de hoy aun no comprendo está la volatilidad de los sentimientos.

Durante tanto tiempo concebí mi vida en aquel teatro atestado de personas que no conozco ni quiero conocer (pero en cuyo escenario estaban tus pies), que hoy sigo paralizada ante tu desprecio, al cual siguió aquel momento en el que, amablemente, me invitaste a abandonar el lugar. Ni siquiera me acompañaste a la puerta, no quisiste llevarme de la mano; estás manos que te han secado las lágrimas, el cuerpo y el alma más de una vez.

Me duele a deshoras, cuando creo en la magia y tu recuerdo lo hunde, cuando creo en la psicología y tu puto recuerdo lo vuelve a hundir. Quizás porque creí en ti como creo en el presente y en la vida eterna (los días no vividos)

Aun sigo en la fase del proceso previa a la tristeza; no niego que ésta viene a menudo llena de acordar que a ti te compongan y a mí, en todo caso, me recompongan un poco. La fase, digo, de follarme de rabia todo lo que huele a ti sin ganas ya de hacerle el amor a las fotos. Ahí estoy.

Ojalá me leas hoy. Quiero escupirte que el everlasting light de encima de mi cama mutó a last light en aquellos meses que te sostenía a mi lado como en un cámara de oxígeno, no para salvarme a mí, sino a ti. Y que hoy la impronta que dejas es simplemente light. Light soy yo, consciente de que no lo hiciste bien ni al principio ni al final, de que no me mereces (tampoco mereces esto, pero yo sí).

Ojalá me hables hoy.
Pero no. No te dejan.

jueves, 2 de junio de 2016

Sigue volando, sigue volando

"Libertad significa el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír."   George Orwell

 



Iba a empezar diciendo que hoy ya sí eres periodista, pero estarás conmigo en que es más bien algo innato; ya se nace con la necesidad de contar lo que ocurre en el mundo cuando nadie mira, cuando cruzamos las esquinas o cuando nos ponemos las gafas de color de rosa y nos tiramos en el sofá de nuestra adorable zona de confort. Y muy poquitas personas se atreven a ello (no les culpo), la valentía se cobra vidas a cada rato. Por eso, mañana estarás rodeada de muchos graduados en Periodismo pero solo de unos cuantos periodistas. Lo que hoy empieza no es solo una profesión, es una forma de vida. Ni la mejor ni la peor, la tuya, la que has elegido y la que te diferencia.

Te diferencia porque es clara y limpia como tú (o debe serlo, en teoría).
De pequeña yo quería ser periodista, reportera concretamente. Estaba decidida. Hoy creo que lo que me gustaba es ver cuánto viajaban los reporteros. Suerte para el periodismo que descubrí mi vocación oculta y dejé que fuesen otros más voraces y menos utópicos los que trabajaran en pos de la verdad.

Después de un segundo de bachillerato con más penas que glorias, quién te iba a decir que al elegir profesión en la abandonada y nostálgica Cartuja, cambiarías no solo el curso de tu vida, sino también el mío. Necesitabas volar más alto, hablarle a otras caras, aprender. Después de algunos años juntas, fue cuando nos alejamos cuando pude conocerte hasta donde tu bondad me dejase. A ti, a Diego, a Rubén, a Laura,... En fin, esas personas con las que he reído y vivido tan intensamente que conforman parte importante de lo que soy hoy. No puedo negar, pues, que hoy también acaba algo minúsculo en mí.

Mi niña, vive el día de mañana con ganas, disfruta y comparte. Después ya veremos, tú no te preocupes. Y coge fuerzas para el último empujón.

No te va a dar consejos alguien que no tiene ni para sí misma. Pero si me permites te pido unos favores para el presente y el futuro:

-Que no te engañen las despedidas, tu formación no acaba aquí. Es decir, no acaba nunca, es constante. Sé una esponja, no te canses ni dejes que te cansen, aprende como si fueses a vivir toda la vida. Vive cada experiencia como un aprendizaje para ser jodidamente mejor.

-Escribe, escribe, escriiiiibeee, como si te fuera la vida en ello, porque de hecho te va la vida en ello. Escribe en sucio y pásalo a limpio. Escribe en el móvil, en la mesa, en las paredes abandonadas y en tu mente. Escribe lo que crees que sirve y lo que crees que no, escríbelo también. Escribe y enséñaselo al mundo. Busca la manera.

-Te van a aconsejar que para esta profesión te hace falta más maldad; van a querer enturbiarte, ennegrecerte. Ni puto caso, por favor. El mundo te necesita a ti, haciéndolo como lo haces, sin dañar espíritus.

-Nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde. Si algún día el periodismo no te hace vibrar, no pasa nada, nadie dijo que la pasión es imperecedera y las batallas perdidas son las que ni se intentan.




¡Qué nervios!
El futuro ya se asoma.

sábado, 2 de abril de 2016

Lo normal

Me da miedo la verdad
como quien teme aquello que está irrevocablemente destinado a no poseer.

La verdad me silba detrás del oído para que no me distraiga demasiado, pero me vuelvo y ¡joder! un "ya voy para casa", un "voy a dejar de hacerlo" o en el peor de los casos un "que sí, que te quiero" me sonríen con aspecto de ya sabes que no.

Aprendo a fingir que te creo (estamos destinados a ello, dice la canción). Pero sepan ahora todos los cobardes del mundo que más que mentirosos son asesinos, pues el alma no se recupera del tropiezo de tantas sonrisas que a los ojos de la sensibilidad son lágrimas como copos de nieve.

Y luego por creer ya no crees ni en ti misma. Un día te cogen la mano fuerte y te cuentan que el ciclo de la vida nos lo explicaron del revés, que lo mejor aún está por llegar, deseoso de mordernos a fuego lento. Claro, algo me lo creí, esos ojos escupían seguridad y conocimientos externos a todo lo que yo pudiese entender.

Siento deciros que no obré demasiado mal al cortarme el pelo a ras de la mandíbula, pues esa persona también mentía y se sentía orgullosa de ello (el ciclo de la vida sigue siendo como el del agua, como la centrifugadora, como la digestión).

Esta vez no lloré porque no alcanzó a tirarme de los pelos.

el problema es que
ha empezado el mes
de las almas y los poetas
si piensas que esto es un poema
estás muy mal
me está creciendo el pelo

domingo, 13 de marzo de 2016

Te escribo y desde dentro me limito a sonreír

Al fin consigo entrar, había olvidado el mecanismo de activación de mis manos. Tra, tra, tra. Todavía es un poco forzoso, no te lo voy a negar. Me tiembla el pulso, el teclado parece una roca indescifrable. Un momento, a ver si arrancándome la piel, y las uñas, me sale lo nuevo y acabo haciéndolo.

¡Eso es! Ya huele a viejo.

Querido desconocido, parece que ha pasado usted de soslayo por toda mi reciente vida, como el señor que cada mañana está leyendo El País, tomándose un cortado y fumando toda la muerte que le cabe en los pulmones sin que me fije conscientemente en él. Hasta que un martes jodido voy en el C2 camino a donde pertenezco, la mirada se me desvía a la cafetería y de bruces descubro que ya no está; comprendo pues que los pulmones no han ganado la guerra y mi suspiro empapa todos los cristales de José Laguillo.

Así me pasó, también, en su ausencia. Empezaron siendo demasiados los días sin que el pájaro azul pasase a saludarme de su parte y al final, meses. ¿Qué podía esperar de vos si nunca le entendí, le conocí o le pregunté? Sería hipócrita contarle que le recordé cada día. ¡No, por Dios, que me ate la cordura! Pero es cierto que algún viernes me dormí sonriente pensándole lejos, conociendo otras gentes, otros colores, otros principios... Algún sábado hube de buscarle e irme finalmente a la cama sin encontrarle, madrugando el domingo en la resignación de creerle muerto.

Si bien es cierto que hoy no puedo afirmar conocerle, imagine cuánto era lo que le desconocía entonces que no sabía que estaba tan cerquita como estuvo siempre, unos 20 kilómetros al sur de mí.

o que yo estaba a 20 centímetros de ti (ahora te tuteo) si el calendario dice que es lunes, el despertador que son las 6:30 y tengo la jodida necesidad de que me des los buenos días antes de salir al mundo {a lucharlo, si hablamos de ti, de tu convicción, tu hambre de superación y tus logros personales; a contemplarlo, si hablamos de mí, de mi utopía, mi desequilibrio, mi canción interna y mis planes; a compartirlo, nosotros}

Sin ser mi amigo, mi amor, mi compañero, mi familia, mi paciente ni mi terapeuta...
cómo negar que eres todos ellos a la vez.


Feliz cuarto de siglo + 6 meses


y gracias por motivarme.

martes, 15 de abril de 2014

Se hace de noche.

Me haces ver que no importa el tiempo ni la distancia ni las religiones ni las ideologías. Yo te sonrío, pero me entristezco porque si algo he aprendido en este tiempo es que sé que sí.

Sé que sí porque el tiempo se divide en contigo y sin ti. El tiempo contigo es invisible, lo moldeamos a nuestro gusto, le pintamos bigote y arrancamos los lunes si hace falta. El tiempo sin ti se siente, a veces se llena de demonios, pero se sobrevive porque siempre danzas por aquí.

Sé que sí porque la distancia existe. Ya se desgastó la magia de tanto teletransportarme. Se me cansó el hombro izquierdo de cargar con tus agobios. Conocí la distancia emocional de sentir tu piel y temer rozarla.

Sé que sí porque mi mundo giró en torno a ti. Recé tus oraciones día y noche, te idolatré tanto que sufrí ceguera pero al altar le falló un clavo y me hice un poco más maldita. Ahora entiendo que aquí nadie ha tocado el cielo y que somos tan semejantes que nos reflejamos el uno en el otro. Si tengo que guiar mi luz en torno a algún mandamiento, "no des a quien no te da".

Sé que sí porque los opuestos se atraen. Pero créeme, tardan menos en morir que una mariposa, se esfuman antes que el olor de champú en mi pelo. Cuando abres los ojos después del orgasmo, ya todo ha muerto.

viernes, 4 de abril de 2014

Cinco meses.

He descubierto que odio cuando inspiras porque la piel de tu tripa se despega de mi espalda por un segundo y medio pero, por otra parte, cuando echas todo el aliento en mi nuca y vuelves a rozarme, me sabe a gloria.

Me gusta cuando tu corazón juega a sístole y diástole porque estás vivo, pero más me gusta cuando lo hace en mi pecho haciéndome pensar que a ver si es que compartimos un mismo órgano vital y yo aun no me he enterado.

Más me gusta aun cuando tu cerebro envía la señal de pestañear y se desnuda la razón de mi vida y la perdición de cualquier persona. Tu boca es un precipicio lleno de palabras, besos y sonrisas que son-risas.

El mapa de tus lunares es el mejor regalo que me han hecho nunca pero perdona si me lo dejo en casa intencionadamente. En la práctica, prefiero perderme cada día en ellos y ojalá no volver a salir a flote.

No sé si es en la epidermis, en la dermis o en la hipodermis donde reside el imán que nos impide despegarnos pero a mí me gusta aunque todavía esté en periodo de prueba y nos de algún que otro calambre.

Si es que me gusta tu respiración en formato excitación, en formato post-orgasmo mientras te vas apagando y te dejas vencer por el formato "estoy dormido y soy lo más bonito que has visto jamás". Que sí, que sí, que me gusta hasta la circulación sanguínea en tu pene, como cuando estudio el aparato reproductor en clase y luego te utilizo de cobaya.

Ahora hablemos de los 206 huesos y 650 músculos que te forman. No sé si sería más apropiado empezar siguiendo con el dedo tu clavícula, besando el espacio entre tus omóplatos o haciendo puenting por tu cresta iliaca. De veras espero que me dejes veranear ahí, donde estén las mejores vistas de tu culo, que se contrae a la vez que pierde el control.

En tu espalda reside el único parque de atracciones donde no se pasa miedo, donde tu columna vertebral simboliza libertad y tus costillas solo son el preludio de las cosquillas.

Que me perdone Steve pero pienso seguir siendo yo quien te muerda el esternocleidomastoideo hasta erizarte la piel mientras tú continúes empalmándome el alma.

Que me roce tu barba, que tus dedos me sacien, que me abracen tus piernas y que la vida me conserve los cinco sentidos para tenerte siempre es lo único que le pido a la Madre Naturaleza.

Para concluir esta clase de Anatomía...¿entiendes ya por qué no me gustan las mujeres? Si sigues sin entenderlo es que no amas tanto tu cuerpo como lo hago yo.